Bienes y unidades productivas de empresas o particulares en concurso de acreedores, con descuentos relevantes.

Cuando una empresa o una persona entra en concurso de acreedores, sus bienes y derechos pueden venderse —generalmente en la fase de liquidación— bajo la supervisión de la administración concursal y del juez del concurso, conforme a un plan de liquidación aprobado. Esos activos concursales abarcan desde inmuebles y naves industriales hasta unidades productivas completas o carteras de crédito, y suelen ofrecerse con descuentos significativos sobre su valor de mercado.
El concurso de acreedores es el procedimiento para una persona o empresa insolvente. Cuando no es viable la continuidad, se abre la liquidación: la administración concursal vende el patrimonio para repartir lo obtenido entre los acreedores.
Esas ventas, ordenadas y supervisadas por el juez, son la fuente de los activos concursales que llegan al inversor.
Inmuebles (viviendas, locales, suelo), naves y activos industriales, maquinaria, carteras de créditos y, de forma destacada, unidades productivas: conjuntos de bienes y relaciones que permiten seguir explotando un negocio en funcionamiento.
A través de ofertas presentadas conforme al plan de liquidación, que fija las reglas (precios mínimos, plazos, condiciones). La operación requiere aprobación judicial y se formaliza bajo el control del juzgado del concurso.
Localizamos oportunidades en concursos, estudiamos el plan de liquidación y las cargas, valoramos el activo y preparamos y presentamos la oferta, acompañándole hasta la aprobación judicial y la formalización.
Los activos concursales suelen ofrecerse con descuentos significativos sobre su valor de mercado, porque el objetivo del concurso es realizar el patrimonio con agilidad. La rentabilidad depende del precio de adquisición, de las condiciones del plan de liquidación y del tiempo hasta la puesta en valor.